
La cocina a medida: nuestra manera de proyectar
Por qué en estudio e cada cocina se diseña su misura: sin medidas fijas, adaptada a la ergonomía de quien la usa y al ritmo de vida de cada casa.
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Las cifras que damos en la primera visita, de dónde salen y por qué dos cocinas del mismo tamaño pueden costar el doble la una que la otra.
Es la primera pregunta de casi todas las visitas, y la que peor respuesta suele recibir. Se contesta con un número redondo que no significa nada, o con un «depende» que tampoco ayuda. Vamos a explicar de dónde sale realmente el presupuesto de una cocina, porque entenderlo es lo que permite decidir dónde gastar y dónde no.
Dos cocinas de doce metros cuadrados pueden separarse por el doble de presupuesto sin que ninguna de las dos sea un capricho. La diferencia casi nunca está en los muebles: está en lo que hay detrás de la pared.

Es la partida que más se subestima. Entre una laminada y una piedra técnica de gran formato hay una diferencia que puede suponer un quinto del presupuesto total de la cocina, y es también la superficie que más se toca, se mancha y se raya durante los próximos veinte años.
Nuestra recomendación es casi siempre la misma: si hay que recortar en algún sitio, que no sea aquí. Un frente de armarios se puede cambiar dentro de diez años sin tocar nada más. Una encimera, no.
Después vienen las instalaciones. Si la cocina se queda donde está y las tomas de agua y desagüe no se mueven, la obra es limpia y rápida. En el momento en que se abre la cocina al salón —que es lo que pide casi todo el mundo— aparecen tres cosas a la vez: hay que llevar el desagüe hasta el nuevo punto con pendiente suficiente, hay que rehacer la instalación eléctrica entera porque los cuadros antiguos no aguantan una inducción y un horno a la vez, y hay que resolver la extracción de humos por un recorrido que antes no existía.
El presupuesto de una cocina se decide el día que se decide dónde va el fregadero.
Esteban, dirección de proyecto
Este es un proyecto que entregamos en la zona de Les Rotes: una vivienda de los años ochenta donde la cocina estaba cerrada, orientada al patio interior y separada del salón por un tabique de carga parcial.
El tabique no se podía tirar entero, así que se abrió un vano con refuerzo metálico y se aprovechó el resto del muro para alojar la columna de hornos. Esa decisión —conservar parte de la estructura en lugar de sustituirla— ahorró tres semanas de obra y una partida de estructura completa.


Estas proporciones se repiten con bastante fidelidad en las cocinas que hacemos en la comarca. No son un presupuesto: son la forma del presupuesto.


Hay tres partidas que rara vez figuran en el presupuesto inicial de una cocina y que aparecen en casi todas las obras.
La primera es el suelo. Si se quita un tabique, debajo hay una franja sin pavimento. Con un suelo continuo se resuelve; con baldosa antigua descatalogada, hay que decidir entre sustituir todo el pavimento de la planta o aceptar una junta visible.
La segunda es el cuadro eléctrico. Muchas viviendas de la costa construidas antes de los noventa tienen instalaciones que no cumplen la normativa actual, y una cocina nueva es exactamente el momento en que eso sale a la luz.
La tercera es la ventilación. En una vivienda de segunda residencia cerrada seis meses al año, una cocina sin renovación de aire suficiente genera condensación y humedad. Se resuelve en proyecto por poco dinero; se resuelve después, por mucho.

En la primera visita medimos, miramos el cuadro eléctrico, localizamos las bajantes y preguntamos una cosa que parece menor y no lo es: cuántos meses al año se va a usar la casa. Una cocina de primera residencia, una de segunda residencia y una de alquiler vacacional tienen exigencias distintas de materiales, de mantenimiento y de garantía, y presupuestarlas igual es un error.
Con eso sobre la mesa damos un rango, no un número. El número exacto llega cuando están decididos el material de la encimera y si la cocina se mueve de sitio, porque hasta entonces cualquier cifra cerrada es una ficción.
Si estás dándole vueltas a la cocina y quieres una cifra con la que poder decidir, lo más útil es que veamos el espacio. La primera visita no cuesta nada y de ella sales con un rango realista y con las tres o cuatro decisiones que de verdad van a mover el presupuesto. Si además estás valorando una reforma integral o quieres ver cómo trabajamos las cocinas a medida, ahí lo contamos con más detalle.

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